lunes, 30 de agosto de 2010

"Las mujeres son putas asesinas. Max, son monos ateridos de frío que contemplan el horizonte desde un árbol enfermo, son princesas que te buscan en la oscuridad, llorando, indagando las palabras que nunca podrán decir" ("Las putas asesinass", Roberto Bolaño)

Camino por la ciudad del silencio, vagando entre estaciones, entre recuerdos. Al fin, me detengo, un cigarrillo se prende suavemente y comienzo a ojear el tesorito que ha llegado a mis manos: "Las putas asesinas" de Bolaño, ay recuerdos. Debo admitir que sólo vine a conocerle en mi primer año de universidad, mi amor se dividia entre Salman Rushdie y su nuevo mito orfico y los Amuletos de Bolaño. Me enamoré instanteneamente, de su prosa, de sus versos, de cada imagen nebulosa en el exilio, en el transito por el mundo.
Recuerdo estar en el forestal, con mucho libros en mi mochila, y los cuentos de Bolaño en una mano, un cigarrillo en la otra, bebiendome cada letra a borbotones, como si se me fuera la vida.
Y hoy, años luz más tarde, sigo en el forestal, y oh, el asombro, yo que ni siquiera veo una pelicula sin analizarla, me sorprendo con "El ojo silva" y gozo cada sollozo de "las putas asesinas", cuento que le da nombre al libro.
Textos llenos de sangre, de dolor, de risas, bipolares, absurdos, recuerdos perdidos.
Un día, le preguntaron:
“¿Usted es chileno, español o mexicano?
–Soy latinoamericano.”, dice fuerte y claro, no se asienta en una nación particular, sino que por su traslado constante y su carencia de territorio, se hace parte de una generalidad, de un todo latinoamericano, palabra que en si misma encierra una confluencia de seres y culturas, y por ende se configura como una polifonía cultural.
Y sus textos son eso, un gran coro de almas, de historias.

Ahora, mientras miro con desesperación el reloj, pienso en cada asesina que ronda las calles y en el poeta buscando a Henry, ese de Masnuy, espero con ansías releer y disfrutar como una adolescente sus letras.

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