
La siguiente "entrada" tiene menos de literato intelectual y más de niña soñadora, todas tenemos algo rosa bajo la manga.
Hay ciertos textos que te definen, o que tú crees completan un poco tu locura, me pasa siempre,"La loca de la casa"fue y es, solo uno de muchos ejemplos. Desde ya hace unos días no logro sacar de mi cabeza a Baudelaire, sobre todo cierto poema: "A una transeúnte", es que ese delirio del flechazo callejero, tan de otro tiempo, de juventud, donde cada momento, cada mirada era eterna y "decidora", el todo por el todo, todo se iba es ese momento que cruzabas la calle y ya no estaba, un chiste lo se, pero me pasa aun, jajaja, flechazos de metro, de micro, sin decir una palabra, pero miras de reojo, y ahí está, el hombre for you, the one, lo tiene todo, y tu mente comienza el jueguito, arma la historia de su vida, se entreteje la novela, y la narración fluye entre los hilos de tu cerebro, debo admitir que me pasa siempre, con todo el mundo, les armo historias en mi cabeza, lleno los espacio en blanco de cada vida, una locura. En fin....
Pero, qué pasa si a "el transeúnte" te lo topas a diario, qué pasa, si es parte de tu espacio cotidiano, inalcanzable, qué se hace en esos momentos,romper el hielo?, si, ultimamente Baudelaire se asoma por mi puerta, riéndose un poco, burlándose de mi mirada perdida, de las palabras mal ticleadas en el trabajo, del café quemando mis dedos, de mis manos temblando de nervio, si años luz, aun paseantes me quitan el aliento.
A una transeúnte
Charles Baudelaire
La calle atronadora aullaba en torno mío.
Alta, esbelta, enlutada, con un dolor de reina
Una dama pasó, que con gesto fastuoso
Recogía, oscilantes, las vueltas de sus velos,
Agilísima y noble, con dos piernas marmóreas.
De súbito bebí, con crispación de loco.
Y en su mirada lívida, centro de mil tomados,
El placer que aniquila, la miel paralizante.
Un relámpago. Noche. Fugitiva belleza
Cuya mirada me hizo, de un golpe, renacer.
¿Salvo en la eternidad, no he de verte jamás?
¡En todo caso lejos, ya tarde, tal vez nunca!
Que no sé a dónde huiste, ni sospechas mi ruta,
¡Tú a quien hubiese amado. Oh tú, que lo supiste!
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