jueves, 28 de octubre de 2010


Mucho tiempo sin escribir, creo que de alguna forma me he dedicado a perderme en las letras de otro, en vez de generar un río linguistico por mi cuenta, ah y la influenza no ayudo al flujo creativo.
Pase unas semana algo freaks. En la estática labor tras la pantalla, y cuando volvía a reencantarme con las cosas del laburo, me enfermo cuaticamente y caigo, cual saco de papas en la feria, en mi cama, 11 días sin salir, sin trabajar, con suerte podia levantarme(al menos los primeros días).
Bueno, cuando por fin las letras no se me "arrejuntaban", comence a leer: El libro del cementerio, de Neil Gaiman(La traducción, aunque pronto tendré en mis manos el texto en inglés. Neil, con su prosa clásica, dulce y seductora, narra la historia de Nobody Owens, un niño más que particular: vive en un cementerio, su tutor/guardián pareciera ser un vampiro(algo que se puede inferir en realidad, no esta explícito en el texto) y sus padres adoptivos: los no vivientes Owens, si, Bod Owens no es un niño común.
Trata el tema de la identidad, de la constante busqueda de ese origen, de tus raices, y de igual forma el camino a la madurez. Además de leerlo, estoy escuchando a Gaiman, en su gira del libro, donde lee un capítulo por conferencia, es exquisito escucharlo, te transporta a cada recoveco del Graveyard y sus habitantes.
Anoche termine el libro, lo ame, quizás más que a Coraline, también de Neil Gaimen(libro que leí unas semanas antes de empezar con the graveyard book), pero quede con animos de más, ganas de seguir transitando por las catacumbas, desaparenciendo entre las sombras del camino, o encontrando tumbas de brujas o poetas.

[....]

Ahora la lluvia cae(en octubre y eso que ayer mori de calorsh), y me espera un nuevo libro: La negra espalda del tiempo, de Javier Marias, otro mundo, otra prosa, otro idioma incluso.
A perderme ahora, entre las letras del recuerdo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario